En la gran reunión del principio, cuando todo ya existía pero también comenzaba a crearse, estuvieron los vientos y su parienta la niebla que los Onas llamaban Chalpe. Los vientos eran temperamentales y castigaban a los habitantes de la región y la niebla los envolvía con su vapor y les causaba temor. Una mañana, uno de los Onas tomó coraje y se metió en la niebla, pero ante su sorpresa, vio levantarse una forma de mujer. El ona se enamoró de ella y desapareció en la espesura, nadie volvió a verlo. Pero dicen que se escuchan sus gritos a veces desgarradores, a veces susurrando, pero siempre llamando a los niños para que se acerquen a la niebla que se alimenta de ellos y utiliza todos sus engaños para atraerlos y devorarlos.

La niebla devoradora

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En la gran reunión del principio, cuando todo ya existía pero también comenzaba a crearse, estuvieron los vientos y su parienta la niebla que los Onas llamaban Chalpe. Los vientos eran temperamentales y castigaban a los habitantes de la región y la niebla los envolvía con su vapor y les causaba temor. Una mañana, uno de los Onas tomó coraje y se metió en la niebla, pero ante su sorpresa, vio levantarse una forma de mujer. El ona se enamoró de ella y desapareció en la espesura, nadie volvió a verlo. Pero dicen que se escuchan sus gritos a veces desgarradores, a veces susurrando, pero siempre llamando a los niños para que se acerquen a la niebla que se alimenta de ellos y utiliza todos sus engaños para atraerlos y devorarlos.